Monday, 12 October 2015 16:14

Calzones Rotos

Jorge Antonio Ortega Gaytán

 

EPIGRAFE

“Y de todo cuanto mis ojos deseaban, nada les negué, ni privé a mi corazón de ningún placer…”

ECLESIASTES 2:10

            Por esas cosas de la vida y la complicidad del idioma, o la ignorancia del concepto de una palabra en otras latitudes, pasamos momentos incómodos o situaciones embarazosas. Pero, así es la dinámica de los que disfrutamos del uso de las palabras en su contexto o fuera de él, desde la Real Academia o el Diccionario de Juan Pueblo. 

En ese ir y venir de mi vida en la zona austral del Continente Americano, un compañero de estudios (extremadamente educado y enterado de mi soltería geográfica) me invitó a cenar a su casa, con la premisa de que me iba a presentar esa noche de fin de semana largo a ¡La Reina de los Calzones Rotos!, expresión acompañada de un júbilo extremo y de un morbo tremendo… pasé maquinando toda la semana y tratando de imaginar a dicha mujer que usaba la ropa interior rota  y con la que compartiría el vino y el pan.  

-¿Será la dueña de un bar? 

- ¿La gestora de alguna barra show?

-¡Hummm…! 

El mismo individuo se tomó la molestia de llevarme a conocer el centro de Santiago de Chile y disfrutar de la variedad de café que se consume en ese país sudamericano, (los chilenos no producen un solo gramo de café, pero lo consumen en abundancia y, ¡el mejor del mundo!, es el Café con Pierna, con su respectivo minuto de confianza).  En realidad es un local (hay muchos) con una barra donde las chiquillas (mujeres) que atienden están con lo mínimo necesario para cubrir su pudor, exuberantes en su caminar y comprometidas hasta el tuétano en el servicio de calidad a los clientes.  ¡Ah, el minuto de confianza es espectacular! 

Con esa experiencia previa, estaba preparado para diferentes escenarios y sobre todo para una posible sorpresa. Llegó el viernes y debía estar puntual y nítido para conocer a la susodicha de la ropa interior deteriorada.  

En el comité de bienvenida estaba la familia de mi compañero y él dirigía el protocolo, me presentó a su esposa, hijos, primos hermanos, sobrinos, vecinos y mascotas. Luego de tomar valor con un par de piscos, me llevaron a la cocina para presentarme a La Reina de los Calzones Rotos.  Apareció una robusta mujer que, entre harinas y vapores, se quitó la gabacha, se acomodó la ropa, se ajustó los senos y se arregló el cabello. Me miró de los pies a la cabeza y se presentó sin mayor protocolo:

- soy la suegra de este gallo, dijo refiriéndose a mi compañero.  

- ¿Tú eres el extranjero que quiere degustar de mis Calzones Rotos?

- Sin miedo y con júbilo, conteste que ¡sííí!

- ¡Qué bien! ¡Manos a la obra!

- Tráele otro pisco para que entre en confianza este hombre y déjalo aquí, le ordenó al yerno, quien me abandonó a mi suerte con una mirada morbosa y una pícara sonrisa. 

-  En un minuto me preguntó todo lo que necesitaba saber de mi vida y de mi país, cual auditora.

- Me quitó el saco y me clavó una gabacha. 

- En esta casa, para comer bien y tener derecho a postre, hay que cumplir primero, aseveró la mujer de juventud acumulada.

- ¡Sin miedo!... ¡meta las manos!

-  Manoseé por unos momentos aquella masa, hasta que quedó satisfecha la mujer con mi destreza.

- ¡Es suficiente!, exclamó a viva voz, la chilena.

- Ahora deje que yo termine… 

Se improvisó un turbante con una servilleta blanca y, con la destreza de un cirujano, cortó la masa en triángulos y luego los ahogó en aceite hasta dorarlos, los espolvoreó con azúcar glas (flor para los chilenos) y los sirvió a la mesa.  Esa noche, en la intimidad de la cocina chilena, conocí a una verdadera reina de los calzones rotos.  

- ¡Reventada! la que me dio mi compañero de estudios con entretener a su suegra toda aquella madrugada entre calzones rotos y bajativos.   

 

Receta de los Calzones Rotos de Marcela Oyarzo de Labarca  

Ingredientes:

3 tazas de harina cernida

1⁄2 taza de azúcar flor cernida

1 cucharada de polvos de hornear

50 gramos de mantequilla o margarina

1   huevo

2   yemas

1 cucharada de ralladura de limón o naranja

1 cucharada de ron, coñac o aguardiente

Manteca o aceite para freír

Azúcar flor para espolvorear  

Preparación: 

A su creatividad, después de mi experiencia o siga el siguiente procedimiento.

1. Cierna la harina con el azúcar flor y el polvo de hornear, añada la

Mantequilla ablandada, el huevo, las yemas, la ralladura y el licor.

2. Forme una masa lisa y, en caso de quedar demasiado seca, añada pequeñas cantidades de agua.

3. Sobre una tabla enharinada dejando unos 3 mm de grosor, corte rectángulos o rombos de 10 por 5 cm, hágales un corte en el centro y a lo largo de unos 2.5 o 3 cm y pase por uno de los extremos.

4. Fría en abundante aceite o manteca caliente dejándolos dorados; escúrralos

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